El Pabellón de México participa en la 61ª Bienal de Venecia con Actos invisibles para sostener el universo, una propuesta del colectivo RojoNegro, integrado por María Sosa y Noé Martínez, que busca generar un espacio de pausa y reflexión frente al ritmo acelerado de la vida contemporánea.
La exposición, curada por Jessica Berlanga, combina instalación, performance y sonido para explorar la relación entre la memoria, los territorios y las prácticas rituales. La propuesta parte de una perspectiva decolonial y plantea nuevas formas de relacionarse con el cuerpo, la materia y el entorno.
Uno de los principales elementos de la instalación es una línea de sal con forma de vírgula, símbolo mesoamericano relacionado con la palabra y el diálogo. El recorrido también incluye vasijas de cerámica con formas de aves, utilizadas como una representación simbólica de los vínculos entre los distintos territorios de América.
La muestra incorpora además sal, barro y tabaco, materiales vinculados con prácticas tradicionales y conocimientos ancestrales. El comportamiento de estos elementos dentro del espacio busca mostrar cómo la materia puede transformarse y, al mismo tiempo, conservar una relación con la memoria.
El sonido también tiene un papel importante en la experiencia. Una pieza audiovisual utiliza la respiración como elemento central, combinándola con sonidos relacionados con la tierra para crear una atmósfera de escucha y contemplación.
Otro de los ejes de la propuesta es el tabaco, planta cuyos usos tradicionales, medicinales y rituales aparecen documentados en el Códice Florentino. Las tonalidades y materiales presentes en las obras también hacen referencia a divinidades mesoamericanas relacionadas con el agua, como Ixchel y Huixtocíhuatl.
Con esta participación, México presenta en Venecia una propuesta que conecta arte contemporáneo, memoria, territorio y conocimientos ancestrales, invitando al público a disminuir el ritmo y observar otras maneras de entender la relación entre las personas y su entorno.





