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El Congreso de la República destituyó al presidente José Jerí

Apenas cuatro meses después de haberlo nombrado, profundizando la inestabilidad política que ha marcado la última década en Perú. Con su salida, el país suma un nuevo mandatario que no logra completar el mandato y se prepara para designar a un presidente interino que gobernará hasta el 28 de julio, cuando asuma el ganador de las elecciones generales de abril.

Jerí, abogado de 39 años, había llegado al poder tras la destitución de Dina Boluarte, quien también fue removida por el Congreso en medio de cuestionamientos por su manejo de la crisis de seguridad. Sin embargo, su administración se vio rápidamente envuelta en un escándalo que terminó por erosionar su respaldo político.

El “Chifagate” y las reuniones bajo sospecha

La caída de Jerí se precipitó tras la difusión de un video en el que aparece encapuchado y con lentes oscuros ingresando a un restaurante de comida china en Lima, cuando el establecimiento estaba cerrado al público. Según trascendió, el mandatario no acudió únicamente a cenar, sino a reunirse con el empresario Zhihua Yang, vinculado a negocios de seguridad y construcción de hidroeléctricas.

Posteriormente, salieron a la luz nuevas imágenes de encuentros con Yang y con Ji Wu Xiaodong, empresario presuntamente relacionado con una organización dedicada al tráfico ilegal de madera y que, pese a cumplir arresto domiciliario, habría visitado Palacio de Gobierno en tres ocasiones.

El escándalo, bautizado como “Chifagate”, generó sospechas de posibles actos irregulares y motivó la presentación de hasta siete mociones en su contra. Finalmente, una de ellas prosperó.

Un intento fallido y un desenlace anunciado

En el pleno, la legisladora Ana Zegarra, de la bancada Somos Perú —la misma de Jerí— intentó cambiar la figura de censura por la de vacancia, un mecanismo que requiere un mayor número de votos para aprobarse. La iniciativa no obtuvo respaldo suficiente.

Antes de la sesión, Jerí defendió su inocencia y calificó las reuniones como “errores” de forma, negando la comisión de delitos. Sin embargo, el vaivén de versiones ofrecidas en las últimas semanas debilitó su posición.

Popularidad en caída

Al inicio de su breve gestión, Jerí contaba con un 58% de aprobación. No obstante, una encuesta de Datum Internacional reveló que el 68% de los peruanos considera que es sospechoso de haber cometido actos de corrupción, reflejando el rápido deterioro de su imagen pública.

Con esta nueva destitución, Perú se encamina a nombrar a su octavo presidente en una década que no concluirá su mandato, en un contexto de creciente desconfianza ciudadana y tensión entre el Ejecutivo y el Legislativo.

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